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miércoles, enero 12, 2011

¿Irás y no volverás?

Recorro sin dientes el otoño

Al que llego a ti a destiempo.

Yo,

Te miraba abandonado por los dedos

Que respiraron vacíos a tu deriva nórdica,

Que imperfecto icé el tal vez a tu boca

Cuando despertaron tus pechos ajenos de tormenta.

A veces ocurres allá morosa

-frente al Mirablau-

Para cerrar la lengua sin otoño

De un verano humilde,

Noviado,

Fósil.

I

Desde ti nos sacude el mar

Sellando su puerta detrás del aire,

Como si procurara sobrevivirse contigo.

II

Quien espera tu respuesta

No espera nada

Si no tu andado

De hilo, las sombras,

En mi carne insurrecta.

III

Si tú te vas

Asomaré las ventanas

Desprendidas

A tu gobierno fugitivo,

Amueblando aquel julio

Habitado

De mundo por tu milagro.

lunes, junio 08, 2009

Bossa nova IV


Primer movimiento

Pasa el verano
como furiosa estampida
de palomas,
y este tambor trémulo
que sacude matutino
sus pies
sobre el agua hacia tus costas.

Han crujido
y les he visto crepitar
ahogados en su silencio
habitado,
les he nombrado
mientras acedan infinitos
mi lugar por la tierra,
no sabré si sobre su planta
y el aleteo propio
de su cansancio extraviado,
han derramado
ebrios y sin aliento
mi nombre atado
a sus azules huellas,
portuaria esperanza,

tus ojos.

Ya fueron en su vuelo,
en sus apretadas redes
que no son de mi dominio
todavía,
que dicen adiós antes del alba
y llegan tarde y marchan pronto
sin más palabras
ni explicaciones marítimas,
ya fueron ésas
las que saben de mis desiertos
la brújula, las tempestades,
las que atraigo a mi guarida
y bajo las cuales se demora
su cariño intermitente,

tus manos.

Habrás ido al mar,
a él perteneces.

Los que amamos
odiamos al tiempo,
porque quita
y otorga las amarras.

En este momento
no hay más que contemplar,
he roto todos los relojes
para que no me puedan alcanzar,

¿cuándo quebrarás los tuyos?
¿cuándo querrás hacerlo?

Iré al Mediterráneo
a llamarte con bengalas,
olas y cometas
y gritos pelícanos
y hombres comunes
y bicicletas.

Andando sobre la arena,
el musulmán que vende cervezas,
la policía que finge no ver nada,
los restaurantes y sus terrazas,
la mujer tras la cual perdí el horizonte,
el niño que grita por su padre,
las guitarras que sobreviven
a su espanto del mar,

¿dónde están tus pies?,
¿adónde irás con cada ola?

Ayer desperté,
he querido demasiado.


Segundo movimiento

¿Quién fue aquél
entre puerto y aventura
que entreabrió al vuelo
tus labios?

Vacilamos,
atrás dejé el Seine
y el Rhein,
allá los libros viejos
y sus vendedores ensimismados,
aquí los barcos
y su rastro de mecidas hojas.

Evito cruzar las Ramblas los domingos,
se pierde y se gana algo más que el tiempo,
las florerías y su falsa simplicidad,
la boquería aceda la garganta
con sus colores y aromas,
es todo lo que hay:

parejas que se dicen al oído
lo mismo de siempre y de otras maneras,
actores inmóviles esperando una moneda,
los turistas y su sopor despreciable.


Tercer movimiento

Pasaré el verano solo.
El pasillo mediterráneo llegará a Estambul,
tal vez a Jerusalem.

Abro la puerta al día y a la noche,
era ya tarde para hacer lo contrario.

Escribiré algunas cartas en Plaza Garibaldi;
en las costas de Barcelona me detendré
para mirarte ir y venir.

Los aeropuertos son lugares solitarios
habitados por desconocidos sin uniforme.

Pasaré el verano conmigo.

jueves, noviembre 20, 2008

Mañana de carnaval

Sin más qué decirte
le quito los acentos
al medio día.

Acaso me amas
y no lo sabes.

Acaso me amas
pero no quieres.

Hago preguntas
y responde la casa
con su respiración
incómoda, vacía,
página en blanco
donde tu rubio
territorio busco.

Alzo mis pájaros
para no echarte de menos.

Somos la lluvia
en las calles de Bonn,
sus tristes árboles,
el latido del tranvía.

Desdoblado hacia ti
como un felino
que busca tus caricias,
ronroneo solitario
tu mirada aguamarina
para no amarte menos.

jueves, agosto 21, 2008

Mono-loquios

Algo que ya no fue
ni fuego ni aire,
últimas las palabras
ante la ruina
y todo abandonado,
lamida llaga
sin dientes ni coraza.

Consumida tristeza,
extinta espuma
que canina fue amada.

Distancia que acabó
de mi mirada
insondables hogueras.

Y nos gritamos:

¡Ya no más guerras!
¡Ya no más bruma!
¡Ya no más nada!

Buscábate llagado,
hundido en tu carne,
cristalina costra
como un círculo
ciego sin nombre.

Dolido de tu silencio,
oscuro traje
que roto canta
una amarga alegría.

El amor era
palabra inexpugnable,
ebrio rocío
sin tapias ni escaleras;
pero los besos
que no entienden las manos,
urgida noche
donde alcanzaba
tu rubia luz,
recibía tu estatua,
vacío desapego;
pero no has visto
qué calcinado voy.

Ruego que alguna noche
tengas piedad de ti,
sálvanos.

martes, julio 08, 2008

Contemplaciones

I

Cambiar de ciudad,
de idioma, de nombre,
de rostro.

Cambiar al mundo
sin cambiarte a ti.

Sin cambiarte
por nadie.

II

Veo cerrar los párpados
con un movimiento de labios
antes de llorar,
y si no supe decir adiós
no fue tu culpa.

Tengo que hablarte de México,
de esta amarga ciudad
que, en sus aristas hundida,
tiene acumuladas raíces:

está muriendo.

Voy a recorrerla,
prometo entenderla para nosotros,
para darte una distinta pero igual,
para tu vuelta, para tu salto de mundo
cuando el lugar que ocupe en Barcelona
lo ocupes tú con cien mil pares de zapatos,
las maletas que necesites,
los gatos que quieras.

III

Allá, hacia la florería,
bajo la lluvia,
golpes de abejas
descalzas.

Se iban tras el tranvía
sin manos nuestros besos.

El corazón no era otro
que apretado monosílabo,
muda fatiga.

sábado, marzo 29, 2008

Marzo

Primera semana

Voy contando los cuervos,
pájaros agazapados
en las cornisas;
alzo las manos
al silencio sin escamas.

Cuando ya he dicho corazón
y se aceda la distancia.

Cuando he dicho cariño
y aún espero que al alba
decidas quedarte.

Cuando ya se forma la palabra amor
y no sabemos siquiera qué es.

Segunda semana

Esta mañana descubro tu cuerpo,
como un alba sin nombre
por donde han pasado mis huellas,
me aferro a las gaviotas
dormidas sobre tu espalda,
me agosto en tu arena
por donde enjugamos
turbia impaciencia.

Nombro tus muslos húmedos,
manos de abrazados lirios,
descalza fatiga
que apretada nos habita.

Paso por tu tormenta
mordido,
contigo,
a la deriva.

Tercera semana

Retratado en mis llagas,
mis cenizas tiemblan
sin máscaras contigo.

Te irás con la lluvia de marzo,
con tu vestido azul
y de golondrinas despedida.

He andado por un paseo de palmeras,
castaña ternura
-donde ocultamente-
lloro mi alegría de labios,
añil llamada reverdecida
donde me arrojo a tu valle de espejos.

Hallo la entrada a tu laberinto,
a su agua trenzada,
avanzo dentro de ti.

lunes, febrero 25, 2008

Dueto

Como ciegos árboles
nos recorremos aun en las cenizas,
respiramos los sonidos de la carne,
besamos su aire a fatiga,
y andamos lentos en sus frutos,
mordemos sin dientes su plácida desmesura.

Pero miraste mi carne
y no te atrevías porque la sabías navaja.

Por eso bordaste cuerpo a cuerpo,
-como iluminada espuma-
el blando metal que persigo prisionero
hasta hallar a quemarropa tus senos,
mudos cómplices sin pies ni manos
bendecidos en su geografía,
y ya busco como una memoria
gimiendo al relámpago en su derrumbe.

Y miro tu carne en suspenso,
aventurero entre arcilla y barro.

Estamos expuestos a la mirada
que no tiene ya palabras,
al tacto imán que ha escrito
nuestras voces sobre la agonía,
a los cuerpos desprendidos
que han encontrado el pan
tras agotar el laberinto.

Miramos nuestra carne ciega,
todavía dudando, esperando
su suicidio bajo la ropa,
aun su gemido desarmado
recurre al alba
para llamarnos con su lenguaje
de redes y trampas de carne
en conjunto solitario.

miércoles, diciembre 26, 2007

Jazz & blues

-Creo que podría liberar este dolor
Iván Ferreiro

(z)

Tu oscura voluntad
en algún punto de mí tiembla,
llagado por una impronunciable tristeza.

Amargo descubro tu rostro,
un aire de lo que fue y no ha sido
aceda algo distinto al dolor.

No llegaste hace poco
ni tampoco en el último avión,
te conozco con distintos nombres,
conozco tus manos claras,
atentas como el día,
las sé andaluzas o flamencas,
conozco tu fresco rubor
cuando decides amar.

(x)

Abres los ojos sin posible traducción,
por mi parte,
no tengo perdón ni arrepentimiento.

Aquello que llamas prohibición
lo nombra mi cuerpo sed,
y tu náutica nostalgia
ciñe sus llagas en mi lento escozor
falto de cariño
y aún en incendio.

(c)

En trémula borrasca
te cierras a mí,
has llorado placentera
indefinidamente hasta extinguirnos,
y tu nombre extranjero
será una casa de verano
que nunca habitaremos.

(q)

Has dicho no
pero no lo entiendo,
bajo tu sable pongo las manos
y me preguntas mirando al suelo
si tengo razón de arrinconarte
con los dedos bajo tu estampa.

Tengo esta urgencia
alada y catastrófica
donde busco agostarme
dentro de tu rencor,
y con esto
ya nos hemos condenado
a que no haya días venideros.

(f)

Llegaste de madrugada
y te fuiste
en el bajorrelieve de mi infancia,
aún te escucho rozando mis lágrimas
y tu largo adiós que ya había llorado,
porque aún era yo,
porque aún había éste,
porque te conocí al morder mi soledad,
porque me harté cada noche
de arrojarte por la mirada,
porque no te seguí a Canadá
pero sí te hallé en el Seine,
y porque hay tantas tardes como noches contigo
que se han agotado incansables
en agrios paseos
por Plaza Garibaldi.

(u)

Te odio.
Por años me repugnó saberte
hasta que allá, en Varadero,
varé toda la noche desconcertado.

Eras una larga isla,
arena que negoció mi melancolía.
Pasamos la noche por tus muelles,
pero los ahogados nunca salimos del mar,
porque a él nos has llevado.

(i)

Ah, la que desató la poesía desde su exilio en Montréal,
ah, la que tapió con cristales el dolor,
ah, la que desatendió su pasado en Coimbra,
ah, la que perdió un arete y ardió como faro de Flandes,
ah, las que me vieron partir del Este de Europa,
ah, la que arrójo sobre el Seine sus imprecisiones,
ah, la que ataba y desataba los crepúsculos de su cabello.

Auxilio:

aquí hay un herido.