Las playas son el cuerpo terreste del mar,
su minúscula extensión de abrazadas huellas
por donde se derogan ansiados los días,
por donde se atrasan, despistados, los adioses.
Así las palabras prolongan
en su movimiento de alas,
los bordes y misterios de los labios,
anuncian o amenazan el beso,
y su manifestación no es sino la rúbrica
de un acto que comenzó con el verbo.
Una despedida no debiera comprenderse
desde el final,
debe temerse
desde el principio
de todo,
cuando dos dejan de ser
el uno y el otro.
Las playas son aquella piel sacudida
que los mares, cansados de jugar,
tienden al sol.
Los adioses son la caricia enunciada
en el llanto, cuando las manos
celebran su danza de separación,
es el estancamiento mutuo
de aquello que será, no lo que fue,
paraísos donde cada día
fue un reino diferente.
Si una distraída despedida,
si el llanto amenazara,
si del imperio el fin llegara,
me prolongaría como la mar
hacia el otro,
dejaría abrazarme por sus huellas
y volveríamos juntos,
allá lejos,
con la última ola.
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lunes, julio 05, 2010
lunes, marzo 15, 2010
El viento nos llevará
Le vent nous portera
- Noir Desir
que debieran someterse
al criterio de los océanos
y, mar adentro,
ahogarles en su caricia anguila.
El odio en su siniestra elegancia
tiene calendarios sin fechas,
cerrados armarios sedientos,
ciegos relojes mancos.
El viento se llevará
derrumbados reinos
que a golpes de silencio
y rocío
formaron largas cuencas
destinadas al abandono.
El viento traerá
del verano a mis playas
las huellas gaviotas
signadas a aquella espalda,
párvula cifra descontada
que, en su mezcla de colisiones
y sombríos pasos
ha arrebatado del alba
su falsa inocencia.
El viento nos llevará, cariño.
Lejos a tu perpetuo invierno,
cerca de mis siempres,
allá entre nuestros jamases.
El viento nos llevará
vestidos de nuevas rutas,
y si los cierzos a mí me concedieran
la afable despedida no otorgada,
yo tiraría del mar su azul maligno
que me miró despertar
azotado por tu boca,
ese otoño señalado,
ese pisado invierno.
El viento nos llevará, furiosa,
en su rostro sacudido
perderás mi rastro sin imperio,
y en su niebla sin ruta
su sombra nos despedirá.
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sábado, marzo 29, 2008
Marzo
Primera semana
Voy contando los cuervos,
pájaros agazapados
en las cornisas;
alzo las manos
al silencio sin escamas.
Cuando ya he dicho corazón
y se aceda la distancia.
Cuando he dicho cariño
y aún espero que al alba
decidas quedarte.
Cuando ya se forma la palabra amor
y no sabemos siquiera qué es.
Segunda semana
Esta mañana descubro tu cuerpo,
como un alba sin nombre
por donde han pasado mis huellas,
me aferro a las gaviotas
dormidas sobre tu espalda,
me agosto en tu arena
por donde enjugamos
turbia impaciencia.
Nombro tus muslos húmedos,
manos de abrazados lirios,
descalza fatiga
que apretada nos habita.
Paso por tu tormenta
mordido,
contigo,
a la deriva.
Tercera semana
Retratado en mis llagas,
mis cenizas tiemblan
sin máscaras contigo.
Te irás con la lluvia de marzo,
con tu vestido azul
y de golondrinas despedida.
He andado por un paseo de palmeras,
castaña ternura
-donde ocultamente-
lloro mi alegría de labios,
añil llamada reverdecida
donde me arrojo a tu valle de espejos.
Hallo la entrada a tu laberinto,
a su agua trenzada,
avanzo dentro de ti.
Voy contando los cuervos,
pájaros agazapados
en las cornisas;
alzo las manos
al silencio sin escamas.
Cuando ya he dicho corazón
y se aceda la distancia.
Cuando he dicho cariño
y aún espero que al alba
decidas quedarte.
Cuando ya se forma la palabra amor
y no sabemos siquiera qué es.
Segunda semana
Esta mañana descubro tu cuerpo,
como un alba sin nombre
por donde han pasado mis huellas,
me aferro a las gaviotas
dormidas sobre tu espalda,
me agosto en tu arena
por donde enjugamos
turbia impaciencia.
Nombro tus muslos húmedos,
manos de abrazados lirios,
descalza fatiga
que apretada nos habita.
Paso por tu tormenta
mordido,
contigo,
a la deriva.
Tercera semana
Retratado en mis llagas,
mis cenizas tiemblan
sin máscaras contigo.
Te irás con la lluvia de marzo,
con tu vestido azul
y de golondrinas despedida.
He andado por un paseo de palmeras,
castaña ternura
-donde ocultamente-
lloro mi alegría de labios,
añil llamada reverdecida
donde me arrojo a tu valle de espejos.
Hallo la entrada a tu laberinto,
a su agua trenzada,
avanzo dentro de ti.
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