sábado, mayo 16, 2009

Bossa nova III

Donde comienzan tus labios
y se agostan, sin decirlo,
también a los míos,
donde tus islas amanecen
bajo mi armadura
y tus orillas dan espacio
al festín y al delirio,
donde inician tus muslos
y mar adentro desmesura,
donde terminan mis dedos
bajo tu piel desnudos,
y donde anclamos la fatiga 
sin guaridas ni amarras,
donde comienzan mis labios
y recorren, sin pedirlo,
ese gemido al aire vacío.

miércoles, mayo 13, 2009

Bossa nova II

Pertenezco a tu destiempo,
la cena que no vendrá.

No estuve cuando buscaste
entre tus libros mis abrazos,

tampoco cuando el invierno
prorrogó mi retraso.

Quizá, alguna vez,
comprendas qué te debo,

todos los besos que te debo.


martes, abril 21, 2009

Bossa nova I

Me miras en mi ausencia, sin asombro, prodigiosa,
oscura luz sin lastre huérfana, y tras ella
cifrado el delirio sin boca que recorre mudo 
tus indómitos bajorrelieves a galope sin que lo sepas.

Acaso un gesto de apaciguado rencor bajo la mesa
y los dedos aciagos en su escozor clandestino,
ebrio silencio que amenaza tras el trago que permenezcas,
que inmóvil permanezca la duda, y con la duda
la posible saciedad marina que a mi lado amanezcas.

Acaso hemos contado solitarios esos pájaros vueltos diamantes,
la noche caía en copos,

el reloj marcaba la última llaga apetecida,
enumeramos todas las posibilidades: quédate.

lunes, marzo 30, 2009

La piedra del marinero

He encriptado salada agua
a un valle aguamarina
como un glaciar descorazonado
bajo el nivel del mar.

Súbito parpadeo agitando
su profundidad derretida,
estrecho paso que alberga
en su presente su pasado.

Sucede el hundimiento,
innombrable ahogado
sin capitán ni amar(ras).

Inaccesible tormenta,
brumoso litoral que al alba
muestra la piedra del marinero.

Cerremos las puertas aguamarinas,
en sus aguijones pupilas,
trenzado prisionero.

jueves, marzo 26, 2009

Cronología

He comenzado a traducir, una a una, mis astillas. Hablo de largas cometas sin dueño, de algún ladrido sin remos reproduciéndose sobre los tejados. Sacudido viento de agua dura herido, inerme transeúnte cuentapájaros.

Habría visto de los relámpagos la despedida, aquel árbol coronado de infancia. Conocí de sobra, entre los empedrados y rinconeras, el milagro hundido. Colgado hacia el horizonte, defino su largo peso en el espejo.

miércoles, marzo 25, 2009

Manecillas

Ignoro si el tiempo
se desgasta contra si mismo,
abandonado contra los relojes
o trazado por latidos campanarios.

Por si páginas blancas
sobraran a la nostalgia,
inscribiría estos girones
asombrados
como zurcos,
para que conozcan
de mis llagas las palabras.

No insistiré,
ante los naufragios
no hay remedio,
tampoco ante la felicidad.

viernes, febrero 06, 2009

Die schöne Traurigkeit

Cuando ya no importe
y busquemos sin manos
rostros que ya fuimos,
habré de escanciar tus orillas,
libar ciegas palabras mudas
y agostarme último,
trémulo y hundido
hacia el final de tus besos.

Nunca fuimos culpables,
eso ni la soledad lo desdice.

Sentada junto a la ventana
tal vez pases sin voz
esta pedregosa nostalgia,
con otros seres e inviernos,
con otros seres,
con otros.

Bella, sin duda,
es la tristeza.

El cabeceo veraniego
de los árboles,
las manos plácidas
gimiendo escurridizas.

Ya nos hemos dicho
espera, ya vengo,
agotados en la distancia.

La tristeza, si llega,
es rubia e impasible.

La esperanza, si alcanza,
es la misma,
de perdones atrasados,
cicatrices imantadas.

jueves, enero 22, 2009

Costras

Mar adentro,

pasando terribles abejas

que, en su ceniza matutina,

aún visten los recuerdos,

dos lunas

que a su encuentro

acuden vacilantes,

ruedan pálido escozor

sin lenguas húmedo,

mariposas desaladas,

despreñadas,

despensadas.

miércoles, diciembre 10, 2008

Brevedad

Salgo a pasear los días de lluvia
con mis barcos rotos,
persigo los árboles con nieve
y tu acera húmeda de tanto recordar.

Calle abajo, rumbo al mar,
busco de tus dedos el abrazo
o el calcinado convite 
a una primavera de besos.

jueves, noviembre 20, 2008

Mañana de carnaval

Sin más qué decirte
le quito los acentos
al medio día.

Acaso me amas
y no lo sabes.

Acaso me amas
pero no quieres.

Hago preguntas
y responde la casa
con su respiración
incómoda, vacía,
página en blanco
donde tu rubio
territorio busco.

Alzo mis pájaros
para no echarte de menos.

Somos la lluvia
en las calles de Bonn,
sus tristes árboles,
el latido del tranvía.

Desdoblado hacia ti
como un felino
que busca tus caricias,
ronroneo solitario
tu mirada aguamarina
para no amarte menos.

lunes, noviembre 03, 2008

Ich brauche dich

Para F. B., por forjar el "nosotros"

Quiero ir al incorruptible
gobierno de tus besos,
al deseado territorio
dominado por tus muslos,
a tus calles como pliegues,
apretados rincones
de diluidas vocales.

Quiero mi lengua
como cálida espada
cayendo dentro de ti,
a tus fuentes
descender tibio.

Vuelvo por tu existencia
a recuperar la mortalidad:

basta sin máscaras
observar a-hora,
y ya los ojos
sin hojas secas
poder decir:

uns/nosotros

viernes, octubre 31, 2008

Paroles

Dentro de la soledad
hay transeúntes
con vidrios en la solapa,
inamovibles naufragios
asidos a los párpados,
habitantes sin labios
aguardando a media calle.

Hacemos del tiempo
un invitado indefinido,
lamida bestia
de barro y saliva hecha.

No hablemos de palabras
rotas en las manos
o aleteadas por la boca
al aire,
hablo de aquello
que fue como el ahora,
lo atemporal
de la desidia.

Me pregunto
si en el recuerdo
somos innacesibles
como un rostro desierto,
insobornables y malditos.

Esperar
es perseguir.

domingo, septiembre 28, 2008

Filosofía



Despegue

Cuando el mar
nos tenga cerca,
habremos de domesticarnos.

Habrás de morder mi silencio,
regar de cuando en cuando
mi hombro planta con tu llanto,
cuidar mis contraídas raíces
si buscan tu luz en mi tristeza.

Te enseñaré a comer de mis manos,
dejaré que duerma tu cansancio,
tu soledad y tu ira en mi regazo.

Amar es domesticarnos.

domingo, septiembre 07, 2008

Vacío

El tiempo que con sus hojas
todo lo macera,
viene con sus recuerdos
y claros latidos.

Vuelve a mí tu dolor
como blanca piedra
ennegrecida por las calles,
retorna a la panadería
de la esquina
arañando solitario
su lluvia en las vidrieras.

Este vacío,
gusano de vidrio
que recorre el cada día,
desde tus amorosos dedos
hasta tu mordida espalda.

Este vacío
es un siglo sin rostros,
una palabra dicha al espejo.

domingo, agosto 31, 2008

Fragmento de novela incompleta

Saudade
En la oscuridad aprendí a estar contigo, a compartir el filo del silencio, su aullido permanente. Te alargas lentamente en las noches, no puedo dormir, me niego. Cuando cierro los ojos y algo súbitamente me despierta, me da miedo volver a la cama o al sofá. Te siento cerca, abierta, incandescente. Huelo tu cabellera, siento tus pequeñas manos como minerales inventados, tu cuerpo en fuga con el mío. Miro tus labios, tus labios apretados seduciéndome, envenenándome, y tus pies son como peces en busca de mis pies fríos. Me quedo despierto porque no me atrevo a cerrar los ojos esta noche, no puedo decirte no. Doy registros y trazos sobre nosotros. Suena en toda la casa ese aullido mortal del silencio, como un alfiler clavándose interminablemente, despegándose de su sitio, viniendo hacia mí malévolo, ladrón.

No sé cómo alcanzar el sueño. Aprieto los párpados para no hallarte, pero terminan encontrándose fieles nuestras orillas como tensas fieras percibidas . Te escribí lo poco que puedo, porque pintarte se me ha negado esta noche:

Del último naufragio,
Eco eres.

Desde el puerto en desventura
Te miro marchar uncida del mundo.
Quién se atreviera a nadarte
Como una araña sumergiéndose
En su propia tela
Entretejiéndote
Ahorrándose,
Parapetándose a tu espacio.

Llamada ultramar
Arena día.

Desde tu silencio,
orillas de la lluvia.

He visto inocencia en tus ojos, el tumulto de flores abriéndose en ellos, la profunda boca de la noche se ha reflejado en tus ojos como una estampa descubierta por mi olfato. Te escucho hablar y cada palabra me llega en planos. Te huelo con ese sabor que tienes en el cabello cuando amaneces presumida. Me asomo a ti encontrándote. Muerdo tus labios con sed de muerto por despertar, tú me recibes abierta. Hoy pasaste tus dedos húmedos de rocío por tu mi boca. Te dije que habitáramos cada uno en el otro y contestaste que tenía residencia permanente en ti. Te fui sabiendo, escuché al aire nombrándote mía. Me llevaste ahí, entre las sombras, a la zona más oscura y nuestra. Tapaste mis ojos y rodaste, te tendiste cuan larga eres en mi vientre. Ya no eras frágil ni silencio.

Atracamos desde la mañana hasta que la tarde nos sorprendió olvidándola juntos.

Desperté abrazándote mientras tú fluías incansable. Al abrir los ojos notaste que espiaba tu sueño, sonreíste. Salimos a caminar de noche sin tomarnos de la mano, descubrimos el secreto del vuelo. Te dije después de la lluvia, al pie de las jardineras -mirando un charco -que las hojas caen de los árboles cuando tienen alas, no cuando el viento decide llevárselas. Se sienten palomas, confunden su propia naturaleza y adoptan tener alma de ave. Entran en crisis consigo mismas, por eso acaban en el suelo esperando a que alguien las recoja, alguien que las lleve de separador entre libros. No saben si son hoja, plumas sin pájaro, pájaros sin vuelo. Me miraste de lado, sin comprenderme. Te acercaste a mí, susurré que las hojas conservan sus alas para poder volar de nuevo y caer para que tú las vuelvas a tomar de la lluvia, porque ellas gustan de caricias en sus alas invisibles, sus diminutas plumas que nadie ve. Me gustan las hojas porque otras tantas se creen estrellas y vuelan alto, muy alto. Por eso hay tantas estrellas, porque ciertas hojas se estamparon ahí arriba en la mano gigantesca de alguien, lumínicas llagas. Otras hojas sólo son sombra y juegan en tu pantalón húmedo. Se creen mimos jugando a ser plantas y hojas, a ser verdes y con flores, pero no lo son, son lo que llevas entre tus manos, y sólo entonces se vuelven hojas, cuando las piensas y las desvistes en tu piel, mientras admiro cómo reverdece la naturaleza en tus ojos menudos, caprichosos.

Siento que tu alma se destripa por la mirada y la mía se recrudece sin querer cuando la regreso en un juego de lentos movimientos oculares y lunares. Hay complicidad absoluta entre nosotros que nos conocemos, aunque después de todo seamos extraños, los otros, nadie y nada. Naufragamos diariamente, pero por hoy nos sobrevivimos a la tempestad.

¡Mch!, ¡mch! Sonaste delante de mí, porque el deseo de un beso, de una caricia, un abrazo, se canalizaron en tu voz sumergida en cerveza y melodía. Recargado cerca de tu sexo, entre la ingle -punto de avance -y tu pubis -punto de revelación -, te presencié luciérnaga como el día que llegaste a mi patria esa noche de marzo o te conociera encendida en los pasillos y recodos de cada ciudad.

Esta vez son una almohada tus muslos, nos quedamos a media luz en tu casa, unos cuantos cojines y las sombras que se alegran con nuestros movimientos. Te percibo, tu piel se añade a mi silencio consumido. No sé cómo hacen tus dedos para enredarse tanto con las cuerdas del aire, después de todo acepté la idea de enseñarte a tocar guitarra. Intentaste tocar por horas y terminaste musicalizándome en tus dedos, precisos aún de insubordinado deseo.
Súbitamente has dejado de cantar, estamos. Tu voz gaviota. Mi soledad, asilo sin amarras.

De labios poco a poco hasta ti rodé fugitivo, sediento: en tu mundo encontré paraíso. Por tus rodillas comencé y de tus costas me ato a ellas. Te descifro una y otra vez entre tus muslos. Amiga, cómplice, insensatez. Es de madrugada, hace mucho frío. Apenas la cobija nos permite acomodarnos un poco en tanto nos separamos. Te vuelvo a abrazar, y quienes se tocan ahora son los distintos silencios entre la sala y las recámaras, los cuchillos de afilado tacto y el cajón que los abraza. Te volteas hacia mí, acaricias mi vientre. En tus manos habitan todas las lenguas del mundo. Amaino cuando me abrazas ceñida a mi cintura. Me miras con la poca luz que ha dejado la noche, me pides que te descubra cada sed, y sin embargo no nos movemos, somos estatuas que esperan florecer su carne y volverse amantes, como las hojas que juegan a ser hojas pero son pájaros. Tus ojos saben que les he dado poder y nombre con suma paciencia, los escucho llamarme al principio con coraje, más tarde con desenfreno. Terminan contrariándome limando su inocencia:


En ti me represento ávido, silente.

-Ardo desde tu fondo impasible
Amaneciendo a la deriva.
Sin un por qué
Te quiero,
Con un porque
Te odio.


Pasamos juntos el día entero, volvimos a forjarnos a voluntad. Sentí la lengua del aire pronunciarte, atestiguar tu aroma. Las jardineras te notaron impresa en el día. La verdad es que nunca antes habías estado tan presente como hoy. Jugabas con tu cabello mientras escuchábamos por los ojos todas las palabras del mundo. Estableciste transparentes raíces en mí, sin perder tiempo te sentí crecer como un golpe de mar. Arqueaste tu aroma ante mi impresión, lo desperdigaste durante toda la mañana. No quise aceptar que ya me sentía prisionero, mudo de besos te viví en mi tacto.

Aspiré tu tibio aliento. Apenas estuvimos juntos no pudimos separarnos, como cuando el aire encuentra la fragancia correcta, su peso y su medida. Soy desde que te supe, desde que me eres.
Esa mañana olías erótica. Sentí siseando lo inasible, era tu piel sin puerto, cada pliegue sin boca. Tus rodillas, tus brazos, todo en ti era cansancio, el cansancio que modera al deseo. Frágil, insaciable, poblé tus labios. Poco a poco llegamos a estar solos, tan nosotros, que el mundo era sólo una palabra con menos ruido cada vez que la pronunciábamos juntos. Quedé en silencio, amurallaste tu propio deseo. Pensé en morderte despacio, pero un dedo mío quedó en tu boca desplumando mis fantasías. Los días nunca se acostumbraron a las ganas de tenerte.
Momentos antes de la despedida rutinaria, me llevaste al pie de las jardineras, dijiste que me sentara a tu lado. Comenzaste a platicarme de tu vida, y pronto reconocí a tu aliento pidiéndome en secreto. Guardé honores a su impecable transparencia antes de atreverme a decir adiós o besarte, pero no pude continuar mi decisión, volviste a sorprenderme al decir: te quiero… Y no me conflictúa decírtelo.

La inercia inmediata fue desesperar en tus labios:

Sólo sé de ti,
Sólo sed de ti.

jueves, agosto 21, 2008

Mono-loquios

Algo que ya no fue
ni fuego ni aire,
últimas las palabras
ante la ruina
y todo abandonado,
lamida llaga
sin dientes ni coraza.

Consumida tristeza,
extinta espuma
que canina fue amada.

Distancia que acabó
de mi mirada
insondables hogueras.

Y nos gritamos:

¡Ya no más guerras!
¡Ya no más bruma!
¡Ya no más nada!

Buscábate llagado,
hundido en tu carne,
cristalina costra
como un círculo
ciego sin nombre.

Dolido de tu silencio,
oscuro traje
que roto canta
una amarga alegría.

El amor era
palabra inexpugnable,
ebrio rocío
sin tapias ni escaleras;
pero los besos
que no entienden las manos,
urgida noche
donde alcanzaba
tu rubia luz,
recibía tu estatua,
vacío desapego;
pero no has visto
qué calcinado voy.

Ruego que alguna noche
tengas piedad de ti,
sálvanos.

viernes, agosto 08, 2008

De cuando en cuando...

Milagrosa eres
pues ardió tu carne
mía

Algunas veces
cuando te amo:

esta luminosa cicatriz
púrpura reflejo
roto bosque
sin ventanas

Nos mira
sin pelaje
destruida alba
insobornable orilla

jueves, julio 31, 2008

Fragmento de un poema que ya no me pertenece



Estaba listo en mi impaciencia
para imantar tus labios
a mi vacío,
en vilo se quedaba el deseo,
desbocado rastro de caricias...

martes, julio 08, 2008

Contemplaciones

I

Cambiar de ciudad,
de idioma, de nombre,
de rostro.

Cambiar al mundo
sin cambiarte a ti.

Sin cambiarte
por nadie.

II

Veo cerrar los párpados
con un movimiento de labios
antes de llorar,
y si no supe decir adiós
no fue tu culpa.

Tengo que hablarte de México,
de esta amarga ciudad
que, en sus aristas hundida,
tiene acumuladas raíces:

está muriendo.

Voy a recorrerla,
prometo entenderla para nosotros,
para darte una distinta pero igual,
para tu vuelta, para tu salto de mundo
cuando el lugar que ocupe en Barcelona
lo ocupes tú con cien mil pares de zapatos,
las maletas que necesites,
los gatos que quieras.

III

Allá, hacia la florería,
bajo la lluvia,
golpes de abejas
descalzas.

Se iban tras el tranvía
sin manos nuestros besos.

El corazón no era otro
que apretado monosílabo,
muda fatiga.

sábado, mayo 17, 2008

Noticia vieja sobre mi segundo poemario "Entre tus muslos"

México D.F. Domingo 12 de diciembre de 2004

Poemario de Guillermo Chávez

Perciben óptica nueva en Entre tus muslos
FABIOLA PALAPA QUIJAS

Guillermo Chávez Conejo presenta juegos de palabras y sonidos en su poemario Entre tus muslos, que se presentó el martes pasado en la Casa del Poeta.

Con una estructura variada, el joven poeta busca transmitir sus experiencias a partir del deseo, del erotismo y, a diferencia de muchos, está alejado de cualquier confusión sobre la esencia de lo poético.

Samuel Gordon, especialista en poesía mexicana, escribe en el libro: "Guillermo plantea una propuesta que vuelve a reunir con talento y creatividad algunas de las mejores coincidencias fundamentales de las vanguardias que parecían ya agotadas: el humor, algunas temáticas y procedimientos que conjuntan una nueva perspectiva, diferente respecto a lo que actualmente se publica en México".

Bajo el sello de Ediciones y Gráficos Eón, de la colección de poesía, Entre tus muslos marca el inicio de Chávez Conejo en el escenario literario. Entre los poemas que incluye el volumen destacan: "Gioconda conmigo", "Por estar contigo", "El adiós sin olvido", "Testimonio" y "Retrato de mujer crepuscular".

Múltiples voces en contrapunto, bases rítmicas al inicio de los versos mediante el uso de anáforas, así como disposiciones gráficas verticales y horizontales, dan cuenta del amplio abanico de recursos poéticos que utiliza Guillermo Chávez.

En opinión de Gordon, el libro, al tiempo que suprime casi todos los conectores lingüísticos que la poesía no necesita, reúne todo lo que se puede esperar.

De arena y universo es el título del primer libro de poemas de Chávez, que fue editado y publicado por la Universidad La Salle. Actualmente prepara la novela Deseo tristágrimo.

Entre tus muslos fue comentado por Samuel Gordon, Rodrigo Bazán y Ernesto Priego el martes pasado en el bar Las Hormigas de la Casa del Poeta.

Comentario original aquí: http://www.jornada.unam.mx/2004/12/12/06an2cul.php