Saluda el viento
las palmeras al sol deseadas,
ya tus pies alejaron los mares,
no más el peso diurno
que tus pies adornaron
en Sitges.
El verano fue ausencia
aunque estuvieras presente,
cada escalón, cada paseo marítimo
fueron el diario de una despedida.
Ahí estabas,
aparición o espejismo oceánico,
tus ojos armando los horizontes,
tus manos cantando su adivinanza.
Te vi marchar un día claro,
habité desmoronado en tus ojos
mientras hacía señales de esperanza,
realmente me ahogaba.
Nos dimos paz y la paz se marchó contigo.
Tu silencio es un Mar en el Norte
que reconozco pero no conozco.
Desde que te fuiste
el mal agüero de las gaviotas,
esa sucia conspiración de los palomares
y el vértigo de hacer lo que quiera
aunque ya no quiera nada.
Habré de escribir
en la piel del mar
el amor que no llegué a tenerte,
y al oído del sol
pronunciaré en tu lengua
que debemos partir.
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jueves, agosto 05, 2010
Summer was absence
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lunes, marzo 15, 2010
El viento nos llevará
Le vent nous portera
- Noir Desir
que debieran someterse
al criterio de los océanos
y, mar adentro,
ahogarles en su caricia anguila.
El odio en su siniestra elegancia
tiene calendarios sin fechas,
cerrados armarios sedientos,
ciegos relojes mancos.
El viento se llevará
derrumbados reinos
que a golpes de silencio
y rocío
formaron largas cuencas
destinadas al abandono.
El viento traerá
del verano a mis playas
las huellas gaviotas
signadas a aquella espalda,
párvula cifra descontada
que, en su mezcla de colisiones
y sombríos pasos
ha arrebatado del alba
su falsa inocencia.
El viento nos llevará, cariño.
Lejos a tu perpetuo invierno,
cerca de mis siempres,
allá entre nuestros jamases.
El viento nos llevará
vestidos de nuevas rutas,
y si los cierzos a mí me concedieran
la afable despedida no otorgada,
yo tiraría del mar su azul maligno
que me miró despertar
azotado por tu boca,
ese otoño señalado,
ese pisado invierno.
El viento nos llevará, furiosa,
en su rostro sacudido
perderás mi rastro sin imperio,
y en su niebla sin ruta
su sombra nos despedirá.
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domingo, junio 17, 2007
viernes, mayo 25, 2007
Insomnio
Nos miramos.
Silencio.
Sin palabras
lo has dicho completo:
toda una vida.
Cruzamos puentes, la nieve nos alcanza,
abandonamos ciudades,
entramos a esa enorme mezquita
abrazada por el Atlántico:
el tiempo nos atrapa.
Apenas iniciamos este recorrido
y es la fatiga o el desamor,
tal vez será que los pájaros se calcinan
bajo tornasoles de río
o simplemente que la estatua colorida
inicia su desfile solitario
hacia la gran boca que lo llamó
¡náufrago!, ¡desesperado!,
¡aquí estoy!
Cáscaras de insomnio,
los absurdos de quienes no serán.
Te tomo en tu prisión rectangular,
pareces moverte estrangulada.
Ya lo hemos dicho todo,
es tiempo de guardarte
detrás de cada agrio reino
sumergido.
Silencio.
Sin palabras
lo has dicho completo:
toda una vida.
Cruzamos puentes, la nieve nos alcanza,
abandonamos ciudades,
entramos a esa enorme mezquita
abrazada por el Atlántico:
el tiempo nos atrapa.
Apenas iniciamos este recorrido
y es la fatiga o el desamor,
tal vez será que los pájaros se calcinan
bajo tornasoles de río
o simplemente que la estatua colorida
inicia su desfile solitario
hacia la gran boca que lo llamó
¡náufrago!, ¡desesperado!,
¡aquí estoy!
Cáscaras de insomnio,
los absurdos de quienes no serán.
Te tomo en tu prisión rectangular,
pareces moverte estrangulada.
Ya lo hemos dicho todo,
es tiempo de guardarte
detrás de cada agrio reino
sumergido.
lunes, mayo 21, 2007
Espejo
Hacia el fondo de tus ojos
he visto mi muerte;
como en la ceniza del sexo,
he visto mi piel
sin carne en tu mirada.
Comprendo la infinita sílaba
que amanecía sobre tu cadaver respirando:
triste pulso
o el botón de tu ombligo
a la deriva.
Sé que vas a morir,
pero en algún punto del mundo
-hoy o mañana-
en los otros moriremos,
ciega cópula:
luminiscencia.
Sé que mor-irás,
pero no habré de enterrarte,
no lloraré tu raíz,
dejaré que mis manos
sean aquellas que te miraron a oscuras,
y los ojos, una vez más,
aquellos que te tocaron silenciosos,
porque ya te has muerto,
te has muerto
y para eso
el dolor no es suficiente.
he visto mi muerte;
como en la ceniza del sexo,
he visto mi piel
sin carne en tu mirada.
Comprendo la infinita sílaba
que amanecía sobre tu cadaver respirando:
triste pulso
o el botón de tu ombligo
a la deriva.
Sé que vas a morir,
pero en algún punto del mundo
-hoy o mañana-
en los otros moriremos,
ciega cópula:
luminiscencia.
Sé que mor-irás,
pero no habré de enterrarte,
no lloraré tu raíz,
dejaré que mis manos
sean aquellas que te miraron a oscuras,
y los ojos, una vez más,
aquellos que te tocaron silenciosos,
porque ya te has muerto,
te has muerto
y para eso
el dolor no es suficiente.
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poesía erótica
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